Que mediocres aquellos que opinan que para creer en Dios se necesita de un suicidio intelectual infame, cuando en realidad es todo lo contrario, la presencia del espíritu Santo en tu vida, ensancha a niveles inimaginados los límites de tu mente.
Lo único que hay que hacer es destrabar esa negación hacia un Dios que está en todos lados, incluido en las bocas, de los que dicen que no creen en El.
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