Romina Aranzabal es díscola y es buena.
Es también muy incómoda.
Siempre lo fue. Porque su mirada lava los maquillajes, corta las tiras de los corset que elevan los hechos, quema las vestiduras, y ve lo que es, no lo que se quisiera ser o lo que se quisiera mostrar.
Lucas Carrasco. Periodista, escritor y amigo.
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