Ha llegado la hora, si.
Ha llegado la hora de despedirse, así sea paulatinamente, de los bares. Que fueron nuestra segunda casa, allá en La Plata, en Chascomús, en Córdoba, en Londres, España, México, en la concha de tu hermana tambien. Nuestro colegio. Nuestro posgrado en levante y chamuyo, nuestro lugar en el mundo. Y no por borrachos, solo por bohemios. Bueno, ya saben, que.
Hemos arribado a la edad de los divorcios, claro los compas de la secu que eran lindos y lindas, ahora se escribiría lindxs, les pasó la vida por encima, los encontramos en Facebook y nosotros que éramos una piltrafa hoy a los 30 y pico estamos como nuevos, ja, esas venguetas que juega la vida, que se yo, nosotros ni nos casamos asique hemos llegado a la edad de los divorcios, de los otros. Viejos amigos que paseaban su cara de rutina arrugada, de pronto se divorcian, se acuestan con bellas jóvenes, empiezan a ir al gimnasio, hablan sobre marcas de shampoo, salen a correr y hacen cosas así de extrañas. Ya no pasan por la tarde. Por el bar. A darle un beso de guerra a la primer cerveza. Ya no se quedan fumando afuera, mientras llueve y amanece. Se acuestan temprano. Van a los parques a hacer footing. Se los ve delgados, adolescentes arrugados, imbéciles.
Los murciélagos se han mudado de barrio. La municipalidad decidió iluminar más. Los adoquines se perdieron. La iglesia fue pintada. Hay un policía joven y tonto en la puerta del callejón. Nos han robado hasta el peligro. Allá en nuestra ciudad. De origen.
-¿Puedo usar esta silla o está ocupada?
-No, llevala nomás. No va a venir nadie.
Los que nunca nos casamos, seguimos ahí, pegados a la ventana, enamorándonos fugazmente de un chico que viaja en el colectivo que frena en el semáforo. Treinta segundos. Jamás lo volveremos a ver. O allá en la internet, de algún chico con el que hablas muchos meses, te termina interesando y más patético que lo del colectivo, no es que nunca más lo volveremos a ver, jamás lo veremos, ni por primera vez, porque claro así juegan los millenials, todos tecnologicos y miedosos, ansiosos, depresivos detrás de pantallas viendo si pica alguna chica linda para hacerse una paja, o dos o tres, o diez mientras te cuenta de que al fin se recibió de la facultad, todo delicioso, termina con crema Chantilly, imaginaria obvio, ay todo tan berreta, ha pero después cuando la chica dice de verse, huyen despavoridos, todo tan raro, frío, seco pasajero, más aún que este final para los bares.
Que manera de renegar la puta que lo parió, las vacaciones nos hicieron bien, nos fuimos afuera del país, que lindo, que lindo.
Empiezan los dolores de espalda, los funerales, las rehabilitaciones de los amigos de la facultad, los divorcios escandalosos, la miopía, las panzas sabias de Julio Verne, la diabetes, el "no gracias, paso" a las drogas. El humor negro se va agrietando. Cada vez somos menos. Usamos gorra y bufanda, cigarrillos electrónicos. Té de manzanilla. Y ya no escribimos en cuadernos. Andamos con la tablet. Los nuevos mozos ya no nos respetan. Pechuga de pollo con lechuga. Los bares parecen un hospital.
A esta música no la conozco. Ahora escuchan trap
-¿y el punk y el punk? ¿Diez meses chamuyandome al flaco, hasta me encariñé y cuando le dije de verlo, no me activo, entendés, me cago histeriqueando?
-Si Ro, te dije pelotuda, igual capaz que era puto, ay quería decir puto, hacía mucho no decía puto, como sea un puto bastante poco empático.
-Gallego, no hables así fuerte que después nos tratan de homo, como si esos detrás de la pantalla no fueran heterofobicos al final.
Un asco todo la postmodernidad y sus personajes, menos mal que no formamos parte, nos tranquilizamos con el galle, que arrancamos el año pal choto, literal, y nos renegamos de las redes, el postmodernismo, los pendejos pajeros y la concha de sus putas madres. Haaaaaaaaaaa. Los diarios siguen siendo una mierda. Yo no sé porque la gente sigue estudiando periodismo y regalando su tiempo, los estudiantes, para que su nombre aparezca cuando googleas y no les pagan, que pelotudez, el periodismo también va a morir, ya está muriendo, es una verga el periodismo de este país, ay que linda palabra verga. El café viene con edulcorante. La barra es nueva. Hay un baño para discapacitados. El jugo es zumo. La ensalada de rúcula y radicheta es un colchón de hojas verdes. ¡Limonada con jengibre: ponele vodka, la puta que te parió! Ya nadie putea. No vaya a sentirse ofendido y demandarte. O escracharte en las redes sociales. Las nuevas redes sociales, de las que ya no tenemos ni la más puta idea. Los nuevos escritores hacen de su problemita un testimonio. Ultradramático, sensiblero y cursi. La cursilería ha inundado la literatura. Todos son víctimas de algo. Así sea de algo ocurrido hace miles de años. Imaginate que íbamos a escribir que fuimos víctimas del sexting, que se yo que mierda si nosotros nos metimos. Terribles pelotudos, ha eso sí, pero muy no postmodernos. Todo lo que nos interesa ser.
El periodismo va desapareciendo. Lentamente. Con periodistas patéticos que se aferran a su microclima en nombre de grandes ideales. El arte es aburrido. La filosofía es charlatanería. Las salas de grabación parecen jardines de infantes.
Hasta la música es repetición constante, no vaya a ser cosa que te cruzes con un bajista sinestesico y la flashes, bueno esa es otra historia, se juega en otros planos, o no, pero ya perdió relevancia. Posta.
Sin embargo, el mundo es lindo. La vida es linda. Cursi y linda. Con flores primaverales, besos en las plazas, asados con amigos del club del colesterol. Los terraplanistas del lenguaje hacen su revolución imaginaria y son felices. Los niños traen amor. Hay nuevos tangueros. Nuevas rebeldías. Viejos libertarios que no han sido abandonados en las estanterías. El mundo es una fiesta. La vida es una fiesta.
Solo que a nosotros ya no nos invitan.
Por eso hacemos nuestras propias fiestas, obvio.
Ha pasado nuestro tiempo.
Y fue bueno mientras duró.
Aunque no quisiéramos que los bares mueran ni el periodismo sea chupar medias por no decir pijas como dijo una vez el galle y nos despidieron del último diario que estuvimos, este es el fin, lo estamos viendo, el Titanic se hunde.
No estudies periodismo, abrí un bar, dónde haya tango y viejos borrachos de verdad, dónde el vino sea en jarra y las mujeres no vayan a buscar a sus esposos. Eso queremos nosotros, que cuenten las historias quienes de verdad han vivido en ellas, como nosotros, claro, ya que todos sabemos que los borrachos siempre han contado mejores historias que los periodistas.
Todo lo demás es berreteria.
Nunca fuimos modestos, perdonenos, o no, como sea no nos importa.
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